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Antes de que suba el telón

Antes de que suba el telón

Sobre Praga está cayendo la noche, el pulso diario de la ciudad se relaja y llega el momento en el que toda fuerza mágica de esta ciudad empieza a actuar al máximo e influir a todos. El momento en el que en muchas salas de teatro se encienden las luces y el público empieza a acomodarse en el auditorio. También vosotros habéis venido al teatro IMAGE y ahora cómodamente sentados esperáis a que empiece la función.
Para el comienzo faltan algunos minutos y el escenario está oculto tras el telón. Cuelga sin ningún movimiento, como indiferente. Pero ese manto textil, a primera vista común, no está aquí de casualidad. Mientras que en el auditorio lleno aumenta una agradable impaciencia de curiosidad, el telón guarda un misterioso espacio que de momento no se puede ver. Divide dos mundos diferentes. Uno en el que estáis sentados vosotros y donde todo es conocido y común. El otro, que todavía no veis, es muy diferente. Ahí detrás del telón reina en este momento una especie de incomprensible caos. Gente vestida en ropa de colores llevan objetos de un sitio para otro y los esconden, alguien corta la oscuridad con un foco en rodajas de colores, una pareja está enrollando cuerdas de colores y cables negros, uno viene y no trae nada, otro sale por ahí. Pero este caos tiene su motivo sorprendentemente también su orden interno. Ahí detrás del telón se está preparando una función teatral. Y los preparatorios como éste son un verdadero misterio que, como bien reconocéis, tienen que quedar ocultos a la mirada del público. Aún más adentro, en las vísceras del teatro están los camerinos. Huele a té, café y maquillaje. Ahí delante del espejo una rubia intenta alisar con una plancha los rizos de su indomable cabellera. Una bailarina en un body ajustado hace ejercicio y en un salto alza su pierna casi a lo alto del techo. Dos bailarines consultan "ferman" - el horario de sus actuaciones para la próxima semana. El técnico de escena supervisa el sistema de trucos. Los cómicos se ponen la ropa de trabajo y sus ojos guardan las siguientes preguntas - ?Qué público ha venido hoy? ?Se divertirá, se reirá? pero en el teatro esto nunca se sabe de antemano. ?Cómo saldrá?, ?todo acabará como debe?, ?le gustará a los espectadores la función?!Y qué más da si ayer y anteayer gustó!, hoy ha venido un público diferente Hoy es hoy y no hay nada seguro.

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A última hora alguien está buscando el guante blanco izquierdo, en el vestido verde ha aparecido una misteriosa mancha y no se va. El spot Light izquierdo no da la luz, la bombilla, quizás, se ha roto de miedo. La cuerda amarilla está tan enredada que no se puede utilizar. Como de costumbre pasa antes de empezar, parece que ni vamos a comenzar. Detrás del telón ocurre una gran aventura de la que los espectadores, por suerte, ni sospechan.El reloj mide los últimos minutos antes de comenzar y la tensión ahí detrás del telón crece. Puede parecer que no hay motivo alguno para estar nerviosos, si hemos hecho cientos, miles de funciones... Aun así El organismo teatral tiene que entrar en calor para alcanzar la temperatura funcional para estar vivo y ser capaz de emanar algo. De ahí las complicaciones, vibraciones imprescindibles de inseguridad por si todo está en su lugar, por eso las supersticiones y rituales de los actores que amparan de la mala suerte y garantizan el éxito.Y entonces aparece al final el guante blanco, la cuerda amarilla se desenreda, la misteriosa mancha desaparece del vestido, la bombilla rota del spot Light es sustituida, las luces funcionan, en el reproductor está puesto el disco, los actores y bailarines impacientes, el escenario limpio, negro y misterioso. Todo está preparado para empezar. Últimas senales convenidas, el telón sube volando, comenzamos. En ese momento se unen en un tiempo y espacio esos dos mundos tan distintos. El vacío lo llenan los actores con su movimiento, baile y colores. Las luces y la música salen disparados con fuerza y el escenario se anima con cuadros, imágenes, personas y sus historias. La atmósfera del espectáculo sobrepasa la rampa y cae al auditorio, el público la aspira y expira para devolverla. Las reacciones del público provocan a los actores, de manera que los espectadores y los intérpretes crean conjuntamente un ambiente único y una situación de una noche exclusiva. Eso es teatro, ese momento cuando estamos juntos en un lugar y momento únicos. Cuando compartimos las mismas vivencias y tiempo. Os representamos una obra de teatro y vosotros observáis. Empezamos a percibirnos mutuamente poco a poco, nos entendemos, nos reímos de lo mismo y estamos conmovidos por lo mismo. Entre el auditorio y la escena ya no hay telón. El auditorio y la escena se han unido. Cuando se levanta el telón, es como si desaparecieran todas las barreras. Los espectadores y los actores no se conocen al principio. Pero de repente, todos compartimos el mismo mundo teatral. No importa que hablemos idiomas diferentes, no importa que hayamos nacido en diversos valles, que nuestros grandes e importantes personajes no sean los mismos, que comamos diferentes platos y tomemos distintas bebidas. Ahora nos ha unido el teatro. Y al acabar ya nos conoceremos y seremos buenos amigos. Las barreras entre la gente son muchas veces insuperables. Y aún así, a veces puede ser tan fácil. Cuando os topéis con alguna, recordad cómo acabó aquella vez en la mágica Praga, en el teatro IMAGE. Bastó que se levantara el telón y de repente, la gente se entendió. A veces basta poco, las barreras son aparentes y se pueden quitar.




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